Él se marcho en busca de una vida mejor, ella no supo cómo pedirle que se quedara.
Antes de irse, él le dijo que escribiría, que le mandaría dinero, que volvería. Ella se quedó sola en aquel pueblo, con sus siete hijos y con una esperanza demasiado pequeña.
El viaje fue muy largo, muy triste. Cuando bajó del barco y vio aquel mundo nuevo, él supo que nunca volvería atrás.
Ella no sabía leer, tampoco hubo nada que leer. No llegó dinero y ella alimentó a sus hijos con su trabajo, con su miedo, con su soledad.
Después de cinco años él encontró otra mujer, tuvo otros hijos, construyó otra casa y otros sueños.
Después de cinco años, ella se vistió de luto, olvidó las promesas, enterró la esperanza y borró aquel nombre de su boca.
Él nunca volvió y nadie quiso recordarlo.
Nadie, nunca, me habló de mi abuelo. Ésta es solo una historia inventada.